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5 consejos de psicología laboral para potenciar la capacitación de su personal

Winston Churchill dijo una vez, en una frase célebre: “Siempre estoy dispuesto a aprender, pero no siempre me gusta que me enseñen”. Muchos conocemos esa terquedad, y superarla es esencial para enseñar con eficacia. Entender la mecánica de cómo aprendemos todos es un excelente primer paso para lograrlo.

Team Attensi

Publicado el · Actualizado el

En esta charla, el psicólogo y ex director creativo de Attensi Gaute Godager explora:

  • El secreto para entender cómo funciona la motivación humana.
  • La diferencia entre los dos tipos de memoria que impulsan el cerebro.
  • Cómo las simulaciones gamificadas aprovechan ambos para crear un entorno de aprendizaje ideal.

¿Poco tiempo? A continuación extrajimos 5 ideas clave de la charla de Gaute para potenciar su capacitación con valiosos aportes de la psicología laboral.

¿Qué impulsa la motivación?

Pese a lo que afirmen algunos gurús de la autoayuda, “estar motivado” no es un rasgo de personalidad único. Como la mayoría podemos atestiguar, la motivación puede ser pasajera. Un día estamos listos para comernos el mundo. Al siguiente, nos cuesta llegar a la hora de comer.

Cuando se trata de aprender, entender cómo funciona la motivación puede hacer el proceso más predecible. Y más fácil de replicar con su personal.

Los psicólogos han descrito la diferencia entre la motivación extrínseca y la motivación intrínseca*. Es decir, los factores externos que nos motivan a aprender (como que nuestro jefe, entrenador o maestro nos pida hacer algo) y los factores internos (cuando asumimos una habilidad o un conocimiento como parte de nuestra identidad, de quienes somos).

No sorprende que, en la mayoría de los casos, la segunda sea el motivador más poderoso. Nada reemplaza el impulso de nuestro propio sentido de propósito. Pero rara vez hay un atajo para acceder a la motivación intrínseca.

Para ayudar a interiorizar el conocimiento, necesitamos explorar cómo funciona la memoria humana.

Memoria declarativa vs. memoria procedimental

El cerebro humano tiene dos formas distintas de recordar:

  • Memoria declarativa: también conocida como “la parte narrativa” del cerebro. Funciona como una larga cadena de sucesos, como leer un libro de principio a fin. La usamos para organizar información y datos. Cuando alguien pregunta “¿Qué cenó anoche?”, usted recurre a su memoria declarativa para imaginar el salmón en croute de ayer.
  • Memoria procedimental: la parte motriz del cerebro; se aprende algo haciéndolo. Suele llamarse “memoria muscular”. Aquí se almacena su capacidad de atarse los zapatos, bailar o tocar el piano.

El cerebro humano es como una red de pesca: cuantas más conexiones pueda establecer entre sus puntos, más fuerte es. Pero estos dos tipos de memoria son distintos. Por ejemplo, hay casos de pacientes con un derrame cerebral que no recuerdan quiénes son por un daño en su memoria declarativa, pero aún pueden tocar instrumentos musicales.

Y es aprovechando esas habilidades motrices como podemos lograr que el conocimiento se quede.

Activar el cerebro procedimental

En la práctica, depender únicamente de la memoria declarativa no es una forma eficaz de aprender. No se llega a ser un buen ajedrecista solo leyendo. Hay que jugar una y otra vez, aprender los patrones físicos y cometer errores en el camino para agarrarle el ritmo al juego.

Lo mismo ocurre en el trabajo. Por ejemplo, no se puede cambiar ni adoptar una “cultura de empresa” solo leyendo. No es un proceso declarativo. Su gente tiene que vivirla y experimentarla.

Y, sin embargo, buena parte del aprendizaje laboral y académico sigue apoyándose en material escrito y pasivo. Es posible memorizar a última hora para una sola prueba o examen, pero ese conocimiento es efímero. Pida recordar los mismos datos dentro de diez años y probablemente le costará.

Las habilidades motrices procedimentales son más estables. Si se entrena algo físicamente una y otra vez, se queda. Como dice el viejo refrán, es literalmente como andar en bicicleta.

Y es aquí donde las simulaciones pueden ayudar.

¿Por qué usar una simulación gamificada?

En pocas palabras, una simulación gamificada es una excelente forma de aprender algo “aburrido”. Toma material de aprendizaje árido y lo vuelve digerible para el cerebro humano, que no solo lo vive, sino que lo asimila al repetirlo una y otra vez.

Las simulaciones son comportamiento fingido. De niños jugábamos a ser guerreros, piratas y capitanes espaciales con total despreocupación. Sin miedo al peligro real que acompañaría esos papeles en la vida real, nos divertimos y exploramos.

De la misma manera, una simulación ofrece un entorno seguro para cometer errores y aprender de ellos. El tipo de errores que en el mundo real podrían costarnos el empleo. Al jugar, explorar y probar los límites sin miedo, aprendemos mucho más rápido.

Pero basta de teoría: ¿cómo son los resultados de este tipo de capacitación?

Resultados de los que puede presumir

Este es un ejemplo breve de capacitación con simulaciones gamificadas en la práctica.

En 2017, Attensi trabajó en un proyecto con una importante cadena escandinava de artículos para el hogar para mejorar el conocimiento de producto de sus colaboradores sobre las líneas en tienda. El personal era mayoritariamente femenino y de mediana edad. Es decir, no el perfil que la mayoría consideraría de “gamers” típicos.

Estos 700 colaboradores acumularon más de 248,000 partidas en seis meses. Además, las métricas revelaron que la mayoría de esas partidas se jugaron fuera del horario laboral.

¿Por qué? Porque el contenido se presentó mediante una simulación gamificada, para activar la memoria procedimental y fomentar un poco de competencia sana entre el personal.

Estos principios sustentan todas nuestras soluciones de capacitación con simulaciones gamificadas, sea cual sea su aplicación, desde la capacitación de gerentes hasta la del personal de primera línea en retail.

¿Está listo para llevar su capacitación al siguiente nivel?